Hace tres años traté de publicar esta carta en varios medios y me la vetaron hoy aprovecho este medio para publicarla:
QUE DIFICIL ES
EDUCAR A UN HIJO EN ESTE
MÉXICO RETRÓGRADO
Estoy indignado…
Hace un rato hoy 31 de Octubre de 2009 fui con
mi hijo a la plaza Cataviñá y había dejado mi automóvil estacionado cerca del
puente peatonal que comunica a esta plaza con la plaza San Pedro, cuando de
pronto mi hijo de 15 años me dice: -“¿Qué onda con ese striker?”- Levanté mi
vista y, efectivamente, en ese momento un chico y una chica de
unos 23 años atravesaban el puente peatonal a la carrera completamente
desnudos, entre los aplausos, las fotos de celular y las risas de los que
estábamos ahí presentes.
Una señora que estaba entre todos los
inesperados espectadores me explicó que era un rally universitario de ingenio y
que ésa era una de las pruebas. Le pregunté si era organizadora o algo así y me
dijo que no, que ella y el señor que la acompañaba ¡Eran los padres de una de
las jóvenes de la primera pareja de nudistas que cruzaron el puente y que
estaban ahí para apoyar a sus hijos y a los amigos de sus hijos!
No pude menos que sentirme orgulloso: ¡Por fin en esta
tan apartada provincia de mi Patria se nos empezaban a quitar las telarañas y
empezábamos a ver el desnudo público como algo normal, hermoso y
hasta competitivo!, casi podía imaginar un mar de cuerpos bajacalifornianos desnudos en la Laguna Salada
mientras posaban para Spencer Tunick.
Miré a mi hijo (de 15 años repito) y al ver su
expresión le pregunto: -“¿estás molesto?”-, y me contesto: -“no, solo sacado de
onda”-. Entonces, como padre, aprovecho la ocasión para explicarle que el desnudo no
tiene nada de malo, que debiera ser normal, que si alguien quiere exhibir su
cuerpo debiera poder hacerlo sin menoscabo y siempre dentro de un ambiente de
respeto mutuo: ¿Cómo?, no hacer nada que no quieras que te hagan y viceversa,
esa es la base del respeto.
Le dije que él nació desnudo y
que lo van a enterrar desnudo, y que quien se
desnuda en público
no está cometiendo ninguna falta, que lo malo, lo escandaloso, lo pecaminoso
está en la
mente de quien lo mira y está basado en sus complejos, su educación, sus
traumas y sus dolencias psicológicas.
Pero que todos tenemos lo mismo y si somos
higiénicos nos tenemos que lavar eso mismo, a conciencia, todos los días y que
los cuerpos desnudos, independientemente de que sean gordos, flacos, atléticos
e incluso displásicos son naturales y hermosos y que de hecho la ropa y la moda
deberían ser la excepción y no la regla.
Sin embargo –agregué- si te sientes incómodo al
observar un cuerpo desnudo, la solución es
simple: MIRA HACIA OTRO LADO, vive y deja vivir y asunto arreglado.
A mi hijo se le iluminó la cara y en ese
momento, para rematar, desciende una nueva pareja de hermosos jóvenes desnudos
entre los aplausos y las risas de los presentes, a los que se agrega jubiloso
mi hijo, ya sin “nubes de tormenta en la mirada”.
Entonces la amable señora que me había explicado
de que se trataba, corría angustiada junto a su marido y repetía ¡AVISEN QUE
PAREN!, ¡QUE NO SIGAN! Alarmado intenté averiguar y al instante comprendí: En el
extremo del puente peatonal de la plaza San Pedro, una patrulla municipal… y al
poco rato ¡DOS camionetas repletas de Judiciales del Estado!. No pueden hacer
un operativo así de rápido y eficaz cuando nos roban la casa, pero aquí,
gracias a unos indignados comensales de un restaurante chino de la plaza (si
les indignaba ¿Por qué salieron?), acudieron prestísimos a detener a los
peligrosísimos jóvenes que seguramente estaban equipados con las armas más
temidas por los retrógradas: LA
LIMPIEZA DE SU ALMA, LA PUREZA DE SUS PENSAMIENTOS, LA SANIDAD DE SU PSIQUÉ Y LA HERMOSURA DE SU
CUERPO.
Mi hijo se volteó me miró y me dijo: “Papá… ¿si
no están haciendo nada malo, por que los tratan como delincuentes?.... Después
de pensar un rato lo único que le pude decir es: “Lo malo es que en este
mundo la mayoría quieren que pensemos igual que ellos aunque no tengan
argumentos sólidos, pero recuerda: cada trapo que te pones es un complejo que
te tapas” y nos fuimos tristes de un evento que empezó divinamente feliz y que
fué echado a perder por esas minúsculas metes retrógradas.
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